Cuando el trauma se contagia
Además del burnout y en relación con éste, otro de los efectos negativos para la salud de las personas que trabajamos con víctimas de violencia o similar es lo que se conoce como “traumatización vicaria”.
Este concepto apareció por primera vez en 1985 en el artículo de Terr sobre la vulnerabilidad de los y las menores al trauma de los demás. Años después, empezaron a focalizarlo más en el trabajo de los psicoterapeutas (McCann y Pearlman, 1990), haciendo referencia a que un/a profesional puede llegar a experimentar los efectos del trauma de la persona a la que está ayudando como si le hubiera ocurrido a él o a ella.
Se experimentan los mismos síntomas como si lo hubieras vivido sin haber estado nunca expuesto a esa situación.
También llamado “traumatización secundaria”, apareció por primera vez en un artículo de Rosenback y Nathan (1985) para describir también ese «contagio del trauma». Es curioso que la forma de contagiarse emocionalmente es tal y como se podría contagiar una gripe.
Stamm (1995), en su publicación “Estrés Traumático Secundario”, habló sobre la importancia del autocuidado de los y las profesionales clínicos dado ese riesgo. Lo señaló también como “traumatización secundaria” y explicó que puede afectar tanto a los miembros de la familia o las personas cercanas a quien está sufriendo, como a los y las profesionales que le atienden.
Quienes escuchamos, podemos llegar a sentirnos sobrecargados por la historia o las emociones que están compartiendo con nosotros. Es un efecto negativo extremo sobre el bienestar del profesional. Es un sentimiento de horror que se produce psicológicamente directamente vinculado al trauma que se escucha.
En el libro “Ayuda para el profesional de la ayuda”, el autor lo explica de esta forma:
“El resultado similar al sentimiento de excitación vicaria mientras observamos una carrera en televisión o escuchamos en la radio la descripción de una carrera de caballos. Los observadores o los oyentes no han estado expuestos al acontecimiento, aunque pueden llegar a sentirlo”.
¿Cómo me doy cuenta que estoy viviendo esto? Hay aspectos relacionados con las señales que nos da el cuerpo y con la claridad de nuestro pensamiento. Para ello, es vital conocerse a uno mismo primero y saber identificar esos cambios fisiológicos y los pensamientos que nos nublan.
Si has empezado a experimentar los síntomas que ves en las personas que atiendes sin haber llegado tú a vivir esas situaciones, es posible que estés experimentando trauma vicario. Estos síntomas son variados, ya que depende de la situación y de la problemática con la que se trabaje.
Referencias:
McCann, L., & Pearlman, L. A. (1990). Vicarious traumatization: A framework for understanding the psychological effects of working with victims. Journal of Traumatic Stress, 3, 131-149.
Rosenheck, R., & Nathan, P. (1985). Secondary traumatization in children of Vietnam veterans. Hospital and Community Psychiatry, 36(5), 538-539.
Stamm, B. H. (1995). Secondary traumatic stress: Self-care issues for clinicians, researchers, and educators. Baltimore: Sidran Press.
Terr, L. C. (1985). Psychic trauma in children and adolescents. Psychiatric Clinics of North America, 8(4), 815-835.



