Cuidar a tu equipo es una forma de fomentar el autocuidado de cada profesional a nivel individual. Cuidar a tu equipo a veces puede ser una tarea difícil en medio del día a día y de sus urgencias. Trabajar con personas en riesgo tiene un sin fin de tareas y en muchas ocasiones de “fuegos” que hay que apagar.
Esta realidad puede llegar a desgastarnos. Arón y Llanos (2004) estudiaron los riesgos a los que se enfrentan los equipos profesionales que trabajan con víctimas de violencia y propusieron prácticas de autocuidado para poder llevar a cabo:
Asegurar condiciones mínimas de resguardo de la integridad personal
Pregúntale a tu equipo: ¿sientes que tienes cubiertas las necesidades mínimas de seguridad? Y cuando hablamos de seguridad no nos referimos únicamente a seguridad física, sino también emocional.
Facilitar espacios de vaciamiento en relación a los casos
Nadie va a entender mejor a cada persona del equipo que una compañera/o del mismo equipo. Poder expresar lo que sentimos y pensamos en relación a las personas que estamos atendiendo fomenta el bienestar. Es necesario agendar y crear esos espacios y no dejarlos para el “tiempo que sobra”.
Compartir la responsabilidad de las decisiones arriesgadas
Usualmente cada profesional tiene determinadas funciones y tareas que realizar. Sin embargo, para aquellas que suponga una decisión complicada o arriesgada, es bueno tener por protocolo el espacio para poder compartirlo con el resto del equipo y tomar la decisión de forma conjunta.
Establecer relaciones de confianza entre los miembros del equipo
Tu equipo pasa mucho tiempo con sus compañeras/os, es necesario que pueda expresarse la confianza que unas personas depositan sobre otras. Y si tú eres la director/a es importante que no lo des por hecho: exprésale que confías en su trabajo. De igual forma, es conveniente crear espacios para realizar técnicas grupales que tengan como objetivo fomentar estas relaciones de confianza.
Tener estilos de liderazgo democráticos
Está ya más que demostrado que el estilo de liderazgo autoritario no solamente no funciona a nivel de productividad, sino que daña a las personas. Mantener un liderazgo donde todas las personas sean parte de las decisiones y puedan expresar sus opiniones con libertad es salud emocional para todas las personas del equipo.
Fomentar la resolución no confrontacional de conflictos y diferencias
Aprender a comunicarnos es una tarea fundamental, así como saber cómo reaccionar ante un conflicto entre las personas del equipo. Para ello, el entrenamiento en escucha activa y asertividad será clave.
Buscar consultorías profesionales
En ocasiones es necesario poder acudir a una persona profesional externa para consultar áreas que son de difícil ejecución. Estas consultorías pueden estar enfocadas de igual manera en el crecimiento profesional en un área en concreto.
Incorporar rituales de incorporación y despedida
Qué bonito es llegar a un lugar y ser bien recibida y qué bonito es terminar en un lugar y ser bien despedida. Poder tener un protocolo para recibir a las nuevas personas del equipo y también para agradecer por el tiempo invertido hace ver un ambiente sano de trabajo.
BONUS
Además de todo esto, quiero dejarte con más formas de cuidar a tu equipo aportadas por personas participantes de nuestros talleres, aquí van:
-Supervisión psicológica externa.
-Buen clima laboral.
-Realizar actividades fuera del ámbito laboral donde esté “prohibido” hablar del trabajo.
-Respetar los turnos de descanso y los días libres.
-Respetar la organización personal y pedir tiempos realistas y coherentes.
Cuidar a tu equipo no es un lujo que puede darse tu organización, es una necesidad. Las personas con las que trabajas son muy valiosas para tu organización; son el eje.
En palabras de Arón y Llanos: cuidemos a los que cuidan.
Desde Autocuídate trabajamos con equipos para mejorar su bienestar social y personal. Reserva una videollamada aquí:
Fuente:
Arón, A.M. y Llanos, M.T. (2005). Cuidar a los que cuidan: desgaste profesional y cuidado de los equipos que trabajan en violencia. Sistemas Familiares 20 (1-2) 5-15.



