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3 reglas esenciales de autocuidado para terapeutas que puedes aplicar en tu día a día laboral
En el artículo anterior te hablé sobre dos consecuencias que puede tener trabajar con personas.
Si no lo has leído, ¡AQUÍ TE LO DEJO!
Son consecuencias que, en la mayoría de los casos, son inconscientes y provocan que podamos llegar a situaciones de agotamiento sin darnos cuenta.
Hoy quiero enseñarte lo que un día me enseñaron a mí.
Tuve la suerte de estudiar en el Instituto de Formación en Intervención Social con la Fundación Aspacia, mi especialidad en violencia sexual infantil y violencia de género.
La última sesión la reservaron para el autocuidado profesional.
Recuerdo que acabamos llorando y yo salí preguntándome por qué no se hacía una sesión así en cada organización.
Sea cual sea el trabajo a desempeñar.
«Ayuda para el profesional de la ayuda»
Babette Rothschild lo llamó “Ayuda para el profesional de la ayuda”, tienes su libro en la SHOP de esta página, te lo dejo aquí:
La autora recomienda comenzar trabajar en dos objetivos:
- Aprender a ser más consciente de cómo te estás sintiendo.
- Aprender a reducir tu vulnerabilidad a los factores de riesgo.
En esta línea, en el artículo de hoy quiero dejarte 3 REGLAS ESENCIALES DE AUTOCUIDADO PROFESIONAL que puedes empezar a aplicar desde ya para tu día a día:
1. APRENDE A CONOCERTE
Antes de llegar al trabajo o de empezar a hablar con una persona, haz un chequeo general:
- ¿Sientes tensión en alguna parte del cuerpo?
- ¿Tu respiración es adecuada?
- ¿Cuál es tu temperatura corporal?
- ¿Qué emociones estás sintiendo?
- ¿Cuál es tu estado de ánimo?
Lo ideal es establecer tu línea base, es decir, saber cómo eres tú en modo “normal”.
De ahí, poco a poco irás dándote cuenta de los cambios.
Si nunca has hecho un ejercicio así, puedes empezar apuntando las respuestas a estas preguntas durante una semana.
Poco a poco, empezarás a ser más consciente de ti mismo/a.
2. HAZ AJUSTES
Imagina que acabas de recibir una llamada en la que te dan una mala noticia y justo entra la persona a la que tienes que atender.
Sientes tensión en el cuello, en la espalda, notas que tu respiración está bastante acelerada, tienes calor, te sientes enfadado/a y lo último que quieres es hablar con alguien en ese momento.
Tienes dos opciones:
OPCIÓN 1: Atender a esa persona tal y como estás.
Esto te traerá consecuencias negativas, ya que necesitas tener atención plena hacia la persona y tu mente sigue cargada de pensamientos, tu cuerpo sigue en tensión y las emociones que estás contagiando no son las que la persona necesita (sí, las emociones se contagian).
En esta opción se dan los típicos casos donde la persona no se siente escuchada, siente que es algo personal con ella o un largo etcétera.
OPCIÓN 2: Pedirle si puede esperar un momento.
Haz rápido un chequeo general y ajústate.
La persona que te está esperando merece tu mejor atención, así que estira, respira profundamente, deja que el enfado baje y que tu mente y tu cuerpo se sientan tranquilos.
Abre las ventanas, coloca las cosas, escribe en una frase ese pensamiento…
Deja en la cajita esa preocupación para después y recuérdate lo importante que es darle tu mejor trato y tu mayor atención a esa persona.
3. REPITE Y REPITE
¿Cuántas personas puedes llegar a ver en un día?
Es normal que te sientas agotado/a en algunos momentos, que con algunas personas sea más sencillo que con otras… es normal.
Sé amable contigo y acepta que es normal.
Pero esa realidad no te quita responsabilidad: repite y repite.
Sé consciente durante el día de cómo estás y reajústate, usa algo para recordarlo si lo necesitas.
Yo tengo un anillo que me lo recuerda, usa lo que sea útil para ti.
Cuando lo miro me pregunto: ¿cómo estoy?
Hago un análisis para ser consciente, respiro, me reajusto y sigo.
Un ejemplo para llevar el autocuidado a la práctica
Una profesional que trabaja en un centro de menores salía cada día contenta de su despacho.
Saludaba y volvía al día siguiente llena de energía.
Una de sus compañeras un día le preguntó que cómo lo hacía y entonces ella la invitó a su despacho.
Allí tenía una caja sobre el escritorio.
Le mostró la caja y estaba completamente vacía.
Su compañera no entendía nada y entonces le explicó:
«Es mi caja de vaciado emocional. Cada día, antes de salir por esa puerta, dejo aquí todo lo que me ha cargado durante el día: las preocupaciones, los casos que han salido mal, las peleas… Lo dejó ahí y me llevo lo bueno a mi casa. Al día siguiente, no están”.
Cuando me contaron esta forma de autocuidado me pareció de lo más raro y bonito a la vez.
¿Quieres aprender a dar lo mejor de ti cada día? Vacíate cada día.
Yo he encontrado ese vaciado en la escritura y en la oración, encuentra lo que sea mejor para ti.
Mi recomendación es que no utilices a una persona de cerca para hacerlo, al menos no con frecuencia, ya que puedes llegar a saturar tu red de apoyo.
Llévate a casa lo bueno, transforma lo demás en aprendizaje y recarga las energías.
Hay personas que al día siguiente te estarán esperando, así que vacíate y aprende a conocerte, a reajustarte y a repetir.
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